¿Qué es el Síndrome de Noé?

El Síndrome de Noé es un trastorno psiquiátrico en el cual el enfermo tiende a la acumulación de un número desmesurado de animales de compañía en su hogar, hasta al punto que es incapaz de poderles atender correctamente.  En muchos casos, la situación deriva en un problema grave de salubridad y maltrato animal por negligencia, pues la persona que padece esta enfermedad tiende a una distorsión de la realidad tan grande que no es capaz de reconocer que no puede hacerse cargo de sus animales y que éstos se encuentran en malas condiciones. Sin embargo, el enfermo está convencido que está rescatando animales del abandono. Este trastorno acarrea graves consecuencias tanto para la salud de las personas que lo sufren como para los animales que se encuentran bajo su custodia.
Normalmente, las personas que padecen Síndrome de Noé se oponen frontalmente a separarse se de cualquiera de sus animales, muy pocas veces deciden ceder alguno, aunque tengan la oportunidad de encontrar buenos adoptantes, ni a eutanasiar  por motivos humanitarios cuando se encuentran en situaciones muy críticas. Suelen acumular gran cantidad de animales porque sienten un fuerte impulso cada vez que encuentran un animal en la calle, sea un animal abandonado o no. En la mayoría de casos, el número de animales aumenta rápidamente porque la persona acumuladora no tiene capacidad económica para esterilizar o por simple omisión.
A pesar que se trata de una enfermedad mental socialmente patente y que cada día preocupa más a las administraciones públicas, en realidad, los expertos médicos todavía tienen muy poco conocimiento sobre este trastorno debido a la falta de estudios científicos. El Instituto de Investigaciones Médicas del Hospital del Mar de Barcelona (IMIM) junto con entidades de protección animal, ha realizado el primer estudio europeo sobre Síndrome de Noé, el cual se publicó en la revista Animal Welfare. La conclusión de este estudio determina que es necesario establecer protocolos de actuación especializados y multidisciplinares que impliquen a diferentes sectores de la Administración. Actualmente, cuando un Ayuntamiento detecta un caso de Síndrome de Noé en su municipio, la intervención consiste en retirar a los animales, pero no proporcionan ningún tipo de atención psicológica a la persona enferma y, por tanto, sus posibilidades de reincidir son muy altas y su bienestar se encuentra muy comprometido.
Este trastorno psiquiátrico tiene implicaciones en salud mental, bienestar animal y salud pública, por ello, es necesario reconocer su presencia en nuestra sociedad como primer paso para poder identificar y detectar precozmente los casos y actuar lo más eficientemente posible para ayudar a los enfermos y proteger a los animales. No debemos juzgar como un maltratador al acumulador de animales, sino con un enfermo psíquico.

 

Publicado en BioEcoActual

Els altres ciutadans: la fauna urbana

A les viles i ciutats d’arreu del món, fins i tot entre l’agitació i el trànsit de les grans metròpolis, hi ha espècies d’animals no humans que han sabut adaptar-se a les característiques de l’entorn urbà. Tot i que no els ho posem gens fàcil, aquestes espècies sobreviuen i conviuen amb nosaltres, als nostres carrers, edificis, parcs, jardins, arbrat, etc… i en qualsevol racó de les nostres grans urbs on puguin trobar un refugi. Parlem dels altres ciutadans, la fauna urbana.

Segurament en sabrem ben poc sobre les seves necessitats i virtuts, però afortunadament, entre tota aquesta diversitat de fauna la majoria d’aquestes espècies es troben protegides per llei, la qual cosa implica certs deures als ciutadans i a l’Administració. Tot i així, altres són legalment titllades de plaga, per una banda perquè són considerades feristeles que només molesten i embruten o per l’altra perquè són fauna no autòctona, en conseqüència, totes elles són espècies perseguides i exterminades pels serveis de salut pública (petits rosegadors, coloms, gavines o cotorres argentines).

Els animals urbans que més fàcilment trobem al nostre voltant són aus, gran part d’elles migratòries, com les orenetes, les quals nidifiquen als angles dels nostres edificis, els falciots o els ballesters. Entre les aus sedentàries abunden les cornelles, els xoriguers, els falcons, les òlibes i els mussols.

Durant les nits, els enigmàtics ratpenats prenen els nostres carrers i, encara que volin, no són aus, pertanyen a l’ordre dels mamífers.

Entre els rèptils abunden el dragó comú, el dragó rosat o la sargantana ibèrica, entre els amfibis la reineta i el tòtil.

Totes aquestes espècies aprofiten les estructures de les nostres edificacions, com ara escletxes, angles, forats a les parets, ampits de finestres, sostres falsos, teules, forats de les persianes, etc…, per fer-hi el seu niu o simplement refugiar-se.

No obstant, possiblement els animals urbans més populars són els coloms, els quals, com les cotorres i el gavià argentat, són espècies que no estan protegides legalment, tot el contrari. Cada any, serveis municipals de neteja i salut pública de milers de ciutats a tot el món porten a terme programes d’extermini d’aquestes espècies. La gestió dels “problemes” derivats de la fauna urbana és una competència municipal, en la majoria de casos, les aus són capturades amb xarxes i confinades en càmeres per matar-les amb gas CO2 o altres mètodes molt cruels.

Publicat a BioEcoActual

Entrevista a Irene Blánquez directora de “Febrero, el Miedo de los Galgos”

El passat mes de Desembre es va estrenar el documental: “Febrero, el miedo de los galgos”, una producció de Waggintale Films, que ha comptat amb col·laboració del voluntariat de l’ONG SOS Galgos. Aquest llargmetratge ha comportat dos anys de treball no remunerat i s’ha fet amb la finalitat de mostrat la realitat de més de 50.000 llebrers arreu de l’Estat.

febrero

A través de la Mila, una femella rescatada a Andalusia per l’ONG SOS Galgos i que troba una llar de debò a Barcelona, se’ns relata com és, en el millor dels casos, la vida de milers de llebrers. El documental molt complet, compta amb testimonis dels mateixos “galgueros”, del voluntariat de les protectores i de treballadors de gosseres municipals d’arreu del Sud de la Península. També compta amb una banda sonora molt cuidada composta per Ricard Latorre. Conversem amb la seva directora, l’Irene Blánquez.

FONT: TV ANIMALISTA

25 años después de la hecatombe en Chernobyl, la radiactividad sigue dañando la biodiversidad

En el año del vigésimo quinto aniversario de la catástrofe en Chernobyl, la naturaleza ha dado un segundo aviso contundente sobre la peligrosidad que comporta la fabricación de energía nuclear.

Según la Organización Mundial de Salud (OMS), unos 9.000 animales murieron víctimas de este accidente, según Greenpeace murieron unos 93.000. En realidad, no se sabe de cierto el total de víctimas humanas y no humanas.

25 años después del desastre nuclear más grave de la Historia, la radiactividad sigue dañando la biodiversidad en la zona directamente afectada (Zona de Alienación). En el año del vigésimo quinto aniversario de la catástrofe en Chernobyl, la naturaleza ha dado un segundo aviso contundente sobre la peligrosidad que comporta la fabricación de energía nuclear o de fisión.


¿Qué pasó en Chernobyl, cómo y por qué ocurrió el siniestro?

Chernobyl era una ciudad ucraniana, ubicada cerca de la frontera con Bielorrusia. Tenía unos 43.000 habitantes. En la actualidad, se encuentra abandonada y desolada debido al accidente ocurrido en la central nuclear situada a 7 km, durante la madrugada del 26 de Abril de 1.986. En aquel entonces, Ucrania todavía formaba parte de la Unión Soviética.
Junto a Chernobyl se encontraba Pripyat, un distrito nuevo de la ciudad que se construyó en los años setenta para alojar a los trabajadores de la central. Pripyat era una ciudad soviética ejemplar. Una semana antes del accidente, tenía previsto inaugurar un parque de atracciones para los trabajadores.
Causas del accidente:

Durante un experimento para comprobar si la energía de las turbinas podía generar suficiente electricidad para las bombas de refrigeración de los reactores en caso de fallo (corte del suministro eléctrico que garantiza la refrigeración de los reactores), un error provocó una enorme subida de potencia que causó el sobrecalentamiento del núcleo del reactor número 4 y provocó su explosión, lo cual dio lugar a la formación de una nube radiactiva gigante que afectó con diferentes intensidades todo el continente europeo.
Debido a las circunstancias dadas y el secretismo político soviético, hay muchos detalles que jamás podremos conocer.
La cantidad de dióxido de uranio, carburo de boro, óxido de europio, erbio, aleaciones de circonio, grafito y rayos gamma liberados en la explosión, fue 500 veces superior a la liberada por la bomba atómica arrojada sobre la ciudad de Hiroshima en el año 1945.

Hasta hoy, el accidente de Chernobyl ha sido el más grave de la Historia, a pesar  el de Fukushima I también haya alcanzado el nivel 7 de la escala INES.
Desde aquel 26 de Abril de 1.986, nada ha vuelto a ser igual en la Zona Alienada, el área de 30 km2 alrededor de la central.

Tras el accidente ¿Cómo se actuó?:

En 1986, Ucrania formaba parte de la Unión Soviética (URSS), y formó parte de ella hasta que ésta se desintegró en 1.991. En un principio, las autoridades soviéticas pretendieron ocultar la gravedad del accidente, con el pretexto de evitar alarmar innecesariamente a la población. Sin embargo, ocultar información formaba parte de las estrategias políticas soviéticas. De todas maneras, tampoco se tenía ningún precedente para poder prever hasta dónde llegarían las consecuencias del siniestro, ni tampoco se sabía con exactitud cómo había que actuar.
Pese a los esfuerzos para oculta el accidente, al día siguiente, por efecto del viento, una nube radiactiva cubrió Europa. Los sistemas de seguridad de la central nuclear de Forksmar, en Suecia (a más de mil km de Chernobyl), detectaron una cantidad de partículas radiactivas muy superior a los estándares de seguridad y, por la orientación de los vientos, determinaron que éstas procedían de Europa Oriental. El nivel era tan alto que, en un principio, los expertos suecos pensaron que la URSS podría haber sufrido un ataque nuclear con una bomba atómica 500 veces más potente que la de Hiroshima.

El Gobierno de Suecia alertó a la población local y a la Comunidad Internacional y se tomaron medidas restrictivas en algunos países de Europa. En España no se tomó ninguna precaución. Dos días después, satélites espía estadounidenses localizaron el punto exacto de la explosión.
Finalmente, aunque de forma tardía, la presión internacional obligó a la nomenclatura soviética a admitir el siniestro, pero no admitieron la magnitud de su gravedad. No fue hasta el 14 de Mayo, cuando el secretario general, Mijaíl Gorbachov, leyó un informe oficial sobre la tragedia minimizándola. A pesar de que se acuse a la URSS de ocultar información, todos los Estados son cómplices de este silencio, ya que todos los gobiernos ocultan a la población información sobre los riesgos nucleares.

Consecuencias del accidente:

Hasta pasados algunos meses y años, tras el fatídico 26 de Abril de 1.986, nadie podía imaginarse lo graves que podían llegar a ser las nefastas consecuencias de un accidente nuclear.

Todavía no se ha realizado ningún estudio exhaustivo que determine el número total de afectados por el desastre, directa o indirectamente, humanos y no humanos. A pesar de no contar con cifras concretas, la evidencia muestra una verdadera tragedia humana y, lógicamente, una hecatombe sin precedentes para toda la biodiversidad de la región, ya que las secuelas del accidente siguen vigentes tras el paso del tiempo, generación tras generación.

La gran mayoría de documentos relativos al desastre de Chernobyl, como otros archivos sobre la política desarrollada en la URSS, han desaparecido, dejando una gran incógnita.

Consecuencias sobre la población humana:

– Después de la explosión del reactor, los operarios que se encontraban en la central fueron trasladados al hospital de Prípyat, donde murieron horas después. Presentaban extraños síntomas que no se supo cómo tratar. El color de su piel había cambiado, presentaba un aspecto más oscuro y dorado, orinaban sangre, tenían náuseas, dolores de cabeza y dolores intestinales, se les caía el pelo, tenían los ojos hinchados y se les había deteriorado la médula ósea. Empezaron aparecer en su piel un tipo de quemaduras de aspecto verdoso que se comían la carne. Murieron con algunos órganos literalmente derretidos. Lo mismo sucedió con 31 bomberos que se desplazaron inicialmente a la central para apagar el fuego; su actuación fue en vano, ya que ese fuego no se apagaba. Los bomberos actuaron sin un equipo de protección adecuado.
Existen imágenes grabadas por militares que muestran el estado en el cual quedaron los cuerpos de los operarios y bomberos. Dichas imágenes fueron ocultadas durante más de 20 años y se encuentran muy degradadas debido al efecto de la radiactividad.
– Durante los primeros días, varios helicópteros arrojaron sobre el reactor una mezcla de arena, arcilla, plomo, dolomita y boro absorbente de neutrones. El boro absorbente de neutrones evitaría que se produjera una reacción en cadena. El plomo estaba destinado a contener la radiación gamma y el resto de materiales mantenían la mezcla unida y homogénea. Cuando el 13 de mayo terminaron las emisiones, se habían arrojado al núcleo unas 5.000 toneladas de materiales.
– Para frenar las emisiones de radiaciones, se construyó un búnker de hormigón armado que cubriera el reactor, este búnker es conocido eufemísticamente como el “sarcófago”. En la actualidad, debido a la degradación del sarcófago original, se está construyendo uno nuevo para cubrir el original. El reactor estuvo liberando radiación y químicos altamente tóxicos durante 10 días.

– Las personas que participaron en la construcción del sarcófago y otros trabajos de desinfección (militares, campesinos y otros voluntarios) se denominaron “liquidadores”. Ninguno de ellos fue informado sobre la peligrosidad de la exposición al polvo radiactivo. Se les proporcionaron trajes, botas y máscaras de plomo, un equipo insuficiente que dificultaba el trabajo ya que pesaba un promedio de 30 kilos.
– Los liquidadores fueron aprox. unos 600.000 y aunque eran muy jóvenes, muchos de ellos murieron prematuramente y la salud de unos 200.000 ha quedado gravemente dañada. Actualmente, son considerados inválidos de Chernobyl.
– 116.000 personas que habitaban en la región tuvieron que ser evacuadas; por tanto, no pudieron regresar jamás a su hogar. Sin embargo, no se llegó a evacuar toda la población que habitaba en las zonas altamente afectadas. La evacuación no se realizó hasta 36 horas después de la explosión, cuando era ya demasiado tarde. La población no fue informada en ningún momento de la gravedad de la situación. Permanecía en la ignorancia. La evacuación se realizó bajo la promesa que sólo duraría tres días, pero se les mintió deliberadamente para agilizar la logística.
– Los refugiados atómicos fueron obligados a abandonar sus animales: algunos murieron abandonados dentro de los hogares, otros que se encontraban en la calle y en el campo fueron tiroteados porque su pelaje se impregnaba de radiactividad y podían transportarla.
– Se aisló un área de 30 km2 alrededor de la central nuclear, conocida como Zona de alienación (popularmente conocida como zona muerta), que sigue todavía vigente. Las ciudades de Chernobyl y Prípyat, así como otros 74 pueblos vecinos fueron abandonados. El desastre de Chernobyl supuso también el desarraigo de una cultura. Algunas casas fueron destruidas y enterradas.
– 5. 000 .000 de personas vivían en áreas contaminadas y 400.000 en áreas gravemente contaminadas. Esta contaminación ha generado una multiplicación x 74 del índice de cáncer.
– En total, más de 14 países de Europa fueron afectados por estándares de radiactividad que superaron de largo los límites de seguridad. Las consecuencias derivadas de la radiación se han hecho visibles con el paso del tiempo. La incidencia de cáncer de tiroides en Bielorrusia, Ucrania y Sur de Rusia se ha elevado notablemente especialmente en niños. También ha aumentado la incidencia de leucemia, otras enfermedades crónicas, especialmente, las que afectan el sistema digestivo y el sistema inmunológico. También aumentó el índice de mortandad infantil y las malformaciones congénitas: la microcefalia (cuando la cabeza es anormalmente pequeña) y la microftalmia (cuando los ojos son más pequeños de lo normal), la aparición de tumores del tipo teratomas sacrocoxígeos y la malformación en gemelos que deriva en hermanos siameses. Estos efectos son conocidos como “síndrome de Chernobyl”.
– Toda Europa desarrolló una política de restricciones para retirar de la cadena de consumo los alimentos procedentes de áreas contaminadas, pero no se pudo llegar a controlar toda la cadena. Todavía hoy, sobretodo, en Ucrania y Bielorrusia, la población se alimenta de cultivos y animales procedentes de suelos contaminados. Los cánceres posteriores se deben, sobretodo, a la ingesta de alimentos contaminados.
– A pesar de la gravedad de los hechos, la dependencia energética relativa a la producción de la central de Chernobyl, obligó a que ésta no se clausurara hasta el año 2.000.
– Parte de la comunidad científica teme que la radiactividad no se extinguirá hasta dentro de 300.000 años.

Consecuencias sobre los ecosistemas y los animales:

Zona cercana a la central de Chernobyl:
Tras la explosión, él área comprendida en 4 Km2 de bosques de pino de las cercanías del reactor adquirieron un color marrón-naranja con un tono dorado y se calcinaron y cayeron. Se conservan imágenes grabadas por militares de estado del bosque. Desde entonces, este bosque es conocido con el nombre de “Bosque Rojo”. En todo el radio de 30 kilómetros alrededor de la central se disparó la mortalidad de plantas y animales y se produjo una pérdida de capacidad reproductiva de los mismos por las alteraciones bioquímicas que cambiaron el color de los árboles.

– A corto plazo, los animales silvestres y de ganado más expuestos directamente a la radiación murieron porque se les desintegró la glándula tiroides.

– A largo plazo, los animales afectados han muerto por enfermedades diversas y han sufrido cambios en la estructura de su ADN, lo cual ha derivado en malformaciones extrañas y estas mutaciones genéticas dificultan o imposibilitan su supervivencia.

 

Zonas alejadas de la central de Chernobyl:
Tras el accidente, las partículas radioactivas fueron esparcidas por el viento por diversos puntos de Europa. En el Norte de Noruega, aparecieron renos muertos. Una investigación determinó que los animales habían muerto porque habían comido líquenes que habían absorbido partículas radioactivas.
En realidad, el número total y las consecuencias de los animales afectados no se podrá saber de cierto jamás, debido a la magnitud de los hechos, al secretismo soviético y a la complicidad de otros Estados nucleares.
Este artículo fue publicado en Europa Press 20 años después de la catástrofe, cuando se hicieron los primeros estudios sobre el efecto del siniestro en la biodiversidad de la región, hasta 20 años después, sorprendentemente, no se había hecho ningún estudio al respecto.

La fauna local sigue padeciendo el accidente de Chernobil

La radiación ha afectado más de lo que se pensaba a los animales que habitan cerca del lugar donde se produjo el desastre nuclear de Chernobil, según denuncia un nuevo estudio, que muestra que la fauna local sigue sufriendo los efectos de la mayor tragedia nuclear de todos los tiempos.

El informe revela que el número de abejas, mariposas, arañas, saltamontes y otros invertebrados habría disminuido en mayor medida en lugares contaminados que en otras áreas, debido a los altos niveles de radiación que dejó la explosión de la central de Ucrania que se produjo hace más de 20 años.
Los primeros indicios apuntaban a que se estaba recuperando la cantidad de animales que habitaban cerca de la zona donde se produjo la explosión de la central y que obligó a miles de personas a abandonar sus casas y a evacuar las áreas colindantes.

Respecto a la cantidad de muertes relacionadas directamente con el accidente, el número varía. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), unos 9.000 animales murieron víctimas de este accidente, mientras que el grupo defensor del medioambiente Greenpeace predice una pérdida eventual de 93.000 de ellos.

“Nos hemos quedado asombrados al ver que no ha habido ningún tipo de estudio en este tema”, declaró Anders Moller, miembro del Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia, y quien dirigió el estudio. “El nuestro ha sido el primer análisis que se ha centrado en determinar cómo afectó el accidente en la abundancia de la población animal”, declaró Moller.

CONSECUENCIAS

Los investigadores compararon la población animal actual en áreas radioactivas con otras zonas menos contaminadas y concluyeron que algunas habían quedado casi completamente despobladas de determinadas especies de animales.
“Hay áreas que cuentan con más de 100 animales por metro cuadrado”, declaró Moller, quien añadió que, por contra “hay otras zonas que tan sólo acogen una media de un espécimen por metro cuadrado”, dijo.

Asimismo, el estudio demuestra también que las especies que vivían cerca del reactor nuclear de Chernobil presentan más deformidades, incluidas la decoloración. “Normalmente los animales (deformados) son devorados con rapidez, y es difícil escapar si tus alas no tienen el mismo tamaño”, precisó el jefe de la investigación, y añadió que “en este caso, encontramos un alto índice de anomalías en animales deformados”.

Fuente: Europa Press

Reflexiones 25 años después de la hecatombe:

Chernobyl, Prípyat y sus alrededores constituyen hoy un conjunto de ciudades fantasmas. La ausencia de humanos ha generado una tranquilidad que ha sido aprovechada por la vida silvestre. Plantas diversas, aves, insectos, mamíferos, ambibios y reptiles, han poblado la Zona Alienada. Bielorrusia ha declarado su parte de la zona afectada reserva natural y Ucrania quiere hacer lo mismo. A pesar de la aparente tranquilidad, Chernobyl es un paraíso radiactivo, donde la radiactividad sigue dañando a los animales y a las plantas.

Ayer Chernobyl, hoy Fukushima I, ¿mañana…?

Quizá detrás del accidente de Chernobyl había una verdadera imprudencia y la URSS era un Estado con notables deficiencias, pero como ha quedado demostrado después del accidente de Fukushima, pese a tomar todas las precauciones la energía nuclear es incontrolable, no se pueden diseñar sistemas de seguridad que garanticen al 100% que no se puedan producir desastres nucleares después de fenómenos naturales o, inclusive, después de atentados terroristas. La culpa del siniestro en Fukushima no ha sido de un tsunami o de un terremoto, la culpa es humana.

Japón es un país pionero en desarrollo de tecnologías, dispone de recursos, personal formado y preparación para poder afrontar fenómenos naturales; sin embargo, tras el terremoto y el posterior tsunami no ha podido hacer nada para evitar un desastre como el de Chernobyl en los alrededores del recinto nuclear de Fukushima I.
Han sido evacuadas más de 200.000 personas en un radio de 40 km alrededor del complejo nuclear y la situación que se vive ahora es de incertidumbre. Nadie puede prever de cierto hasta dónde llegarán las consecuencias la radiactividad.

Si la central nuclear de Garoña (Burgos) sufriera un percance similar, teniendo en cuenta la dirección noroeste del viento que suele ser la habitual en la zona, el material radiactivo llegaría hasta Zaragoza. El material se iría depositando en el valle del Ebro contaminando zonas pobladas como Vitoria y Logroño, en cantidades que solo se conocerían cuando pasara mucho tiempo.

A pesar que algunas personas hayan querido reabrir el debate sobre la energía nuclear y presentarla como una energía segura, limpia y libre de emisiones de CO2, la Asociación Animalista Libera! , por la seguridad de humanos y no humanos, se declara contraria al modelo energético nuclear y pedimos pide a los gobernantes que se desarrolle un nuevo modelo energético basado en las energías renovables.

¿Por qué el modelo energético nuclear no es un modelo viable?

Hace pocos años, en el marco del debate sobre la lucha contra el cambio climático, la producción de energía nuclear fue presentada como el mejor modelo energético. Sus promotores presentaron el modelo de fusión como un proceso para producir energía de forma limpia, sin causar emisiones de CO2.

No obstante, esta argumentación es tendenciosa ya que no expone toda la verdad.

La producción de energía nuclear es dependiente de una materia prima no renovable: el mineral Uranio 235. Actualmente, el uranio se extrae solamente en 18 países, de los cuales los principales son: Canadá, Australia, Kazajstán, Nigeria, Rusia, Namibia, Uzbekistán, EEUU, Ucrania, África del Sur y China. Hasta ahora, el modelo energético ha sido dependiente del petróleo, pero dado que nos acercamos al Peak Oil (escasez de petróleo) habrá que encontrar soluciones. El petróleo ha generado innumerables conflictos. De la misma forma que no es una buena solución depender del petróleo, no lo es tampoco depender del uranio. Para nada queremos que las guerras provocadas en los países donde hay yacimientos de petróleo, se terminen provocando de la misma manera en los países en los que se encuentran yacimientos de uranio. Aunque es cierto que durante el proceso de fusión atómica no se emite CO2, quienes dicen que la energía nuclear no emite gases olvidan que durante las extracciones y transporte del uranio sí se emiten grandes cantidades de CO2.

Para la obtención del combustible requerido por una sola central nuclear durante un año, es necesario extraer 250.000 toneladas de uranio, las cuales deberán ser tratadas con métodos altamente tóxicos y que dejarán cerca de 30 toneladas anuales de residuos peligrosos, grave problema que será endosado a generaciones futuras, ya que no se ha encontrado todavía ninguna solución para hacer desaparecer estos residuos. Los residuos derivados de las centrales nucleares son los únicos que se almacenan y vitrifican impidiendo su dispersión libre a la atmósfera ya que son altamente contaminantes. Aunque los cementerios nucleares cuenten con medidas de seguridad, las transformaciones geológicas de la tierra u otros fenómenos naturales no permiten afirmar que sean totalmente seguros. Una parte de estos residuos se pueden someter al reprocesamiento nuclear para aprovechar el plutonio para la fabricación de armas.

Cada central nuclear sólo puede tener una vida media de 30 años. El modelo nuclear es realmente limitado.

Los siniestros en Chernobyl y Fukushima son más que suficientes para descartar el modelo de energía de fisión de átomos; es demasiado peligroso.
Por un nuevo modelo energético:

Las energías renovables son aquellas que se producen de forma continua, son inagotables a escala humana, tienen su origen en el Sol, el viento o en los saltos de agua, etc. y vale la pena aprovecharlas. La energía nuclear no es un modelo de energía renovable ya que depende de la extracción de uranio. Tampoco es una alternativa “libre de carbono” que pueda hacer frente a los combustibles fósiles y por tanto al calentamiento global.

Energías renovables y limpias:

Energía Eólica: Cuya fuente es la fuerza del viento.
Energía Solar: Cuya fuente es el Sol.
Energía Mareomotriz: Consiste en aprovechar el cambio del nivel del mar.
Energía de las olas: Consiste en aprovechar la fuerza de las olas para mover estructuras de fuerza batiente.
Energía Hidráulica: Consiste en aprovechar la fuerza de los saltos de agua.
Energía Geotérmica: Consiste en aprovechar el calor interno del planeta.
Energía Volcánica: Consiste en aprovechar el calor de los volcanes, allí donde el entorno lo permita. Islandia es el paradigma.

En España hay 6 centrales nucleares y un total de 8 reactores. El 23% de la energía que se consume en España es producida por reacciones de fisión o fusión de átomos, es decir que se producen en estas centrales. Sin embargo, estamos muy cerca del gran peligro nuclear. Nuestro vecino, el Estado Francés, paradigma del modelo atómico, produce el 80% de su energía en las centrales nucleares, contando con 58 reactores.

Las centrales nucleares españolas son:

C.N. Santa María de Garoña (Burgos)
C.N. Almaraz I y II (Cáceres)
C.N. Ascó I y II (Tarragona)
C.N. Cofrentes (Valencia)
C.N. Vandellós II (Tarragona)
C.N Trillo I (Guadalajara)

El Cabril (Córdoba) es el único cementerio nuclear español.

El 19 de Octubre de 1989, la central de Vandellós sufrió un accidente del nivel 3 (escala INES, accidente grave) al declararse un incendio en las turbinas. Por ahora, éste ha sido el accidente más grave ocurrido en España.
Redactado por Helena Escoda Casas (historiadora) y Albert Roca Enrich (periodista).
Redactado el 26 de abril de 2011.

¿Cómo frenar el cambio climático cambiando nuestros hábitos alimentarios?

El sector ganadero es responsable de la emisión de hasta el 18% de los gases de efecto invernadero. La lucha para frenar la llegada del mayor desastre ecológico de la Historia también pasa por mejorar nuestra alimentación.

Frenar el cambio climático es el gran reto al cual la humanidad debe enfrentarse de forma inminente. Los causantes del calentamiento global no son tan sólo la industria y el transporte, nuestros hábitos alimentarios también tienen un coste ambiental notable (cultivos, procesos de elaboración, envase, refrigeración, transporte, cocción…). La carne es uno de los alimentos que tiene un mayor coste ambiental. El sector ganadero es responsable de la emisión de hasta el 18% de los gases de efecto invernadero. La lucha para frenar la llegada del mayor desastre ecológico de la Historia también pasa por mejorar nuestra alimentación ya que adquirir unos hábitos alimentarios saludables puede salvar nuestro planeta.

El 28 de Noviembre de 2006, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) presentó un informe titulado La Larga Sombra del ganado (Livestock’s Long Shadow) en el cual se demuestra que la ganadería genera más emisiones de gases de efecto invernadero que los automóviles. Esta afirmación es, aparentemente, extraña. ¿Qué es lo que hay detrás de la ganadería industrial para que esta haya devenido insostenible?

La desnaturalización nuestras vidas, especialmente, en los hábitos alimentarios, ha generado un gran desequilibrio en el planeta. La ganadería industrial ha devenido un problema insostenible ecológica y económicamente, debido a la gran cantidad de animales que se “producen”, por la alimentación que se suministra a los mismos y por las condiciones de vida con las cuales se les mantiene. La Larga Sombra del Ganado, ha sido dirigido por el economista agrícola Henning Stenfield. Este detallado análisis demuestra que la ganadería es responsable de hasta el 18% de las emisiones de gases de efecto invernadero y que a la vez el aumento del consumo de productos cárnicos es la principal causa de la deforestación de selvas, bosques y sabanas.

En la actualidad, el consumo de productos de origen animal parece haberse democratizado. El bistec diario ya no es un lujo que sólo puedan permitirse las clases más pudientes. Personas de todas las clases sociales consumen productos cárnicos a diario, lo cual, hace algunos años, era inimaginable. Sin embargo, este aumento disparatado del consumo de carne ha conllevado consecuencias nefastas para nuestra salud, para los animales y para el equilibrio económico y ecológico de nuestro planeta. El aumento de la cantidad tiene como contrapartida la disminución de la calidad, un gran coste medioambiental y la vulneración sistemática de los derechos de los animales.

Las granjas de la Era Postindustrial han dejado de ser aquellos espacios aparentemente bucólicos en los que el ganado pastaba placidamente en campos verdes. Una nave de hormigón en la que los animales se encuentran confinados y se alimentan a base de piensos elaborados con soja transgénica, beben agua mezclada con antibióticos y hormonas que estimulen el crecimiento, es el prototipo de granja industrial europea de nuestros días. Este sistema se conoce como ganadería intensiva, lo cual consiste en engordar el ganado en muy poco espacio y en muy poco tiempo, para mandarlo lo antes posible al matadero y obtener una productividad muy alta y, lógicamente, un mayor beneficio económico. La mayoría de animales destinados al consumo humano pueden ver el Sol por primera vez en su vida, el día que son trasladados al matadero en camión. El resultado de este proceso es una carne barata, pero que ocasiona innumerables sufrimientos a los animales, que es nociva para nuestra salud y para la de nuestro planeta.

¿Por qué la ganadería contribuye en aumentar el calentamiento global?

Las claves básicas que configuran la responsabilidad de la ganadería en el aumento de la temperatura global son dos: en primer lugar, la existencia masiva de ganado no integrado al medio y, segundo, la concentración del mismo.

Primero: La existencia Masiva de ganado:

El ganado bovino encabeza la ganadería a nivel global. Actualmente, existen aproximadamente 1.250 millones de reses de ganado bovino (bos taurus) en todo el Mundo. En ningún momento de la Historia ha existido semejante cantidad desorbitada de bóvidos ni de las otras especies que son utilizadas como ganado. Los sistemas de ganadería intensiva y/o industrial permiten que se “produzcan” más animales de los que corresponderían en el marco del equilibrio natural. En estado salvaje nunca habrían nacido tantos bóvidos, porcinos o pollos, ya que esta superpoblación habría condenado la especie a la extinción. La domesticación ha hecho posible esta proliferación determinada por la selección artificial, con lo cual, los animales nacen por voluntad humana y estos dependen del ser humano para que les suministre alimento. La sobrepoblación de ganado ha conllevado que el 30% de la superficie terrestre del planeta esté ocupada por pastos y granjas industriales. El espacio que ocupa todo este ganado es la primera pieza del engranaje de un sistema de producción de alimentos que se ha resultado ser inviable. Con el aumento del consumo de carne, cada vez, más masa forestal es destruida para convertirse en campos de pasto, pero esto no es lo peor. La segunda pieza conduce hacia una función todavía más complicada, todo este ganado debe ser alimentado, por tanto, cada vez, más masa forestal es destruida para convertirse en campos de cultivos para elaborar piensos. Todo esto no genera únicamente un desequilibrio ecológico importante, también genera un desequilibrio económico.

El 26 de Mayo de 2008, en el artículo Póngase a dieta, publicado en el diario El País, Josep Borrell, Presidente de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo, afirmaba que “Si Malthus levantara la cabeza, creería que la competición por los alimentos escasos no es entre humanos, sino entre humanos y animales .Y, además, nos diría que la producción de carne no es “rentable” en términos de balance de recursos (tierra, agua, calorías vegetales)”. Para producir un kilogramo de carne, el bóvido debe consumir previamente una media diez quilos de proteína vegetal. El porcino cuatro y las aves entre dos y tres. El consumo cárnico de los países desarrollados ha conllevado que el 78% del total de los cultivos globales (lo que equivale al 33% de la superficie terrestre del planeta) se destine a la fabricación de piensos y forrajes para engorde de ganado. Si la demanda de carne no fuera tan elevada, no sería necesario criar tantos millones de reses, por tanto, tampoco sería necesario alimentarles y los cultivos que se destinan a la fabricación de piensos podrían destinarse directamente al consumo humano y erradicar así el problema de los 850 millones de seres humanos mal nutridos, pero, es más, ni tan sólo sería necesario el uso de tanta superficie de tierra, ya que se podría alimentar a todo el mundo con menos cultivos. Lo cierto es que pretender que los seis mil millones de seres humanos que compartimos la Tierra podamos acceder al mismo nivel de consumo diario de productos de origen animal, supondría un auténtico déficit en tierras y agua, ya que no existe superficie cultivable suficiente para alimentar a tanto ganado. Frenar el consumo de carne es frenar la demanda de tierras, lo que se traduce en frenar el problema de la deforestación.

La superpoblación de ganado no exige únicamente superdemanda de tierras y consecuentemente deforestación. El sistema digestivo de los rumiantes (vacas, ovejas, búfalos y cabras) es la causa de la emisión del 37% del total de las emisiones de gas metano (CH2), un gas hasta veintitrés veces más nocivo que el dióxido de carbono (CO2). Obviamente, estos animales siempre han producido metano, pero jamás había existido semejante cantidad de reses. El desequilibrio cuantitativo y la no integración de estos bóvidos al medio ha generado un gran problema en la atmósfera derivado de las emisiones de metano producido en sus estómagos. Una sola vaca puede producir hasta novecientos litros de metano al día. El problema del metano ha sido tomado muy seriamente por el gobierno neozelandés, uno de los más activos en la lucha contra el cambio climático, el cual ha implantado la Flatulence Tax, es decir (y, aunque lo parezca, no es ninguna broma) un impuesto a los ganaderos por la contaminación generada por el metano de las flatulencias de las vacas.

Correlación entre consumo de carne, deforestación y cultivos transgénicos; ¿Qué ocurre con la soja?

Hasta hace muy pocos años, la industria ganadera utilizaba harina de huesos y restos cárnicos para elaborar los piensos para alimentar el ganado. Este tipo de pienso, efectivamente, engordaba mucho y muy rápidamente, pero resultó ser el factor determinante de la enfermedad de la vacas locas (Encefalopatía espongiforme bovina) que causó un verdadero desastre en Europa. De las vacas locas deberíamos aprender una lección que parece que todavía no hemos aprendido. No podemos desnaturalizar la alimentación a un animal herbívoro solamente porque nos interese económicamente. Por tratar como meras máquinas de producción de carne a los animales, se puso en riesgo la salud de una población en su mayoría desinformada, provocando una crisis vergonzosa que mostraba un gran desprecio por la vida. Desde entonces, los piensos proteínicos se elaboran a base de harina de soja (en su mayoría transgénica), harina de maíz o harina de pescado. Por su valor proteínico y su coste menor, la harina soja se ha convertido en la principal materia prima para la fabricación de piensos, un producto cuya demanda es altísima porque la demanda de carne es también altísima.

La soja (Glycine Max) es una leguminosa de origen asiático apreciada por su gran valor nutritivo, especialmente, por su alto contenido proteínico. Las poblaciones orientales han consumido soja desde tiempos inmemoriales y se han beneficiado de sus propiedades. El cultivo de soja es un factor muy valioso si se efectúa en el marco de un cultivo por rotación estacional, ya que fija el nitrógeno en los suelos. En cambio, el monocultivo de soja acarrea desequilibrios ecológicos si se mantiene prolongadamente.

La soja no es un invento de la manipulación genética, pero, desafortunadamente, la mayoría de soja de nuestros días ya no es aquella soja tradicional que aportaba múltiples beneficios y su cultivo tampoco sigue la rotación estacional. Las virtudes de la soja han resultado muy atractivas para las empresas de manipulación genética de semillas para poder ofrecer una solución a los productores de carne barata. Este es el por qué del desastre ecológico generado por quienes han manipulado y reinventado la soja a su conveniencia. La manipulación genética de plantas ha permitido crear una semilla de soja altamente residente a al herbicida selectivo Roundup (fabricado por la corporación Monsanto), lo cual causa una importantísima pérdida de biodiversidad y el monocultivo de esta soja en grandes extensiones de forma prolongada causa un gran desgate del suelo. Las llanuras de Estados Unidos, Brasil, Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay son las grandes productoras de soja transgénica a nivel mundial. La corporación estadounidense Monsanto es la productora de la semilla, la cual tienen patentada de manera que obligan a los campesinos a pagar regalías sobre parte de la cosecha que utilicen para volver a sembrar, además de venderles el herbicida al cual es resistente.

La gran expansión de áreas destinadas al monocultivo de soja transgénica ha sido una de las principales causas de la deforestación de selva tropical. Aunque las selvas tropicales sólo ocupen el 6% del área terrestre del planeta, concentran los espacios con mayor biodiversidad y tienen más capacidad para suprimir el dióxido de carbono (CO2), por tanto, son imprescindibles para contrarrestar el efecto invernadero. La prohibición del uso de las harinas cárnicas en la elaboración de piensos ha disparado la demanda de soja. Hoy, el cultivo de la soja representa el 26% del total de la producción global. Sólo en Brasil se cultivan 52,3 millones de toneladas de soja cada año. La mayoría de esta producción se exporta a Europa y Estados Unidos para el engorde de ganado, este es el por qué de tanta producción de soja. El transporte marítimo o aéreo de soja, lógicamente, también tiene costes ambientales.

Quines consumen hamburguesas aptas para vegetarianos elaboradas con soja, en realidad, consumen menos soja que aquellos que consumen hamburguesas de carne ya que se debe tener en cuenta el balance final. No es la soja destinada al consumo humano la que destroza las selvas, sino la soja destinada al engorde de ganado. Cada kilo de carne acumula entre cinco y diez quilos de soja y dieciséis mil litros de agua. La comercialización de soja trasngénica de peor calidad no se destina al consumo humano, sin embargo, la carne de los alimentados con soja transgénica se sirve cada día, sobretodo, en restaurantes de cadenas de comida rápida. Los efectos que la soja transgénica tratada con herbicida Roundup puede provocar sobre la salud humana todavía se mantienen en una gran incertidumbre, pero la corporación Monsanto acumula numerosas demandas de damnificados en diferentes países.
Segundo: La concentración del ganado en granjas industriales:

Pero, además de la sobrepoblación de especies domesticadas para el consumo humano, la concentración del mismo en espacios reducidos (ganadería intensiva) provoca que el problema de la emisión de gases se agrave todavía más. La emisión de gases no deriva solamente de las flatulencias de los rumiantes sino también de la acumulación de sus deshechos y orina.

Antiguamente, el ganado pastaba en campos y su estiércol era aprovechado siendo absorbido de forma natural por la tierra. En la actualidad, las grandes concentraciones de animales generan exceso de estiércol. La acumulación de todos estos desechos en poco espacio supone demasiada cantidad para poder ser absorbida por la tierra. Así es como destruyen el suelo y contaminan las aguas subterráneas.
Aparentemente, el estiércol no debería ser un problema, ya que es materia orgánica y debería aprovecharse como abono para los cultivos. Pero la cantidad excesiva y, sobretodo, la alimentación desnaturalizada del ganado no permiten que se cumpla este proceso natural. Para garantizar que el engorde sea lo más rápido posible, animales herbívoros que deberían tener una alimentación fibrosa, son alimentados con piensos proteínicos. Estos piensos contienen más proteínas de las que estos animales pueden metabolizar, debido a esta alimentación no adecuada, sus desechos no sirven como abono, todo lo contrario, devienen dañinos para el suelo. Respecto a la alimentación no adecuada del ganado hay que tener en cuenta dos aspectos muy importantes que afectan directamente al medio ambiente y a nuestra salud. Por un lado, la granja industrial mantiene animales confinados, lo cual es muy poco higiénico ya que se dan las condiciones óptimas para la proliferación de todo tipo de enfermedades infecciosas. Para evitar desastres sanitarios, se mezclan con el agua y la comida grandes cantidades de antibióticos. Estos antibióticos son, en parte, expulsados a través de la orina, por ello, dañan los ecosistemas acuáticos y nuestra salud cuando nos comamos el bistec.
Además de metano, las toneladas de estiércol acumuladas en las granjas industriales provocan la formación de dos gases que el Protocolo de Kyoto establece que deben reducirse inminentemente. La acumulación de estiércol libera grandes cantidades de nitrógeno, que en su reacción con el oxigeno forma el óxido nitroso, conocido también como gas de la risa. El óxido nitroso (N2O) es hasta doscientas veces más nocivo que el dióxido de carbono (CO2). La alimentación proteínica acentúa más el problema causado por este gas, ya que en la biomasa se encuentran de forma natural grandes cantidades de nitrógeno en forma de proteínas. Cuando los rumiantes ingieren proteínas, el nitrógeno que expulsan a través de sus excrementos y orina es más reactivo y facilita todavía más la formación de óxido nitroso. El 65% del global de emisiones de este gas derivan de la ganadería.

El segundo gas deriva de la acumulación de estiércol mezclado con orina. Es el compuesto de nitrógeno o amoniaco (NH2), el cual se forma a partir de la evaporación de la orina y de la humedad del estiércol (muy especialmente el avícola). La contaminación por amoníaco es muy grave a nivel regional ya que causa acidificación del suelo y contaminación de ecosistemas acuáticos, además de contribuir en la formación de la lluvia ácida y causar enfermedades respiratorias y otros tipos de irritaciones. El 68% de las emisiones globales de amoníaco proceden del sector ganadero.

En el balance final, el estudio elaborado por la FAO también ha concluido que el 9% del global de emisiones de CO2 derivan de actividades relacionadas con el sector ganadero, tales como transporte de ganado, transporte de forrajes, funcionamiento de maquinaria de matadero, plantaciones de forraje, etc. El almacenaje de fertilizantes, abonos y el uso de pesticidas y herbicidas liberan nitrógeno y amoníaco, además de otras sustancias perniciosas.

Reflexiones:

En Agosto de 2008, el presidente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la Organización de la Naciones Unidas (ONU), Rajendra Pachauri, recomendó a los ciudadanos europeos y estadounidenses reducir el consumo de carne como medida para combatir el cambio climático. “Se debería comer menos carne.” Según declaró Pachauri en el Parlamento Europeo en respuesta a la pregunta de un eurodiputado que le preguntó sobre los comportamientos que los ciudadanos deberían adoptar contra el calentamiento global. “La gente estaría más sana y los países también saldrían beneficiados”. Pachauri, en declaraciones al periódico británico The Observer hizo una interesante reflexión “Es más fácil reducir el consumo de carne que prescindir del transporte”.

El excesivo consumo de carne de sociedades como la nuestra es pernicioso para la salud porque esta relacionado con diversas enfermedades: obesidad, hipertensión, diabetes, osteoporosis, cáncer de colon (entre otros), enfermedades coronarias, accidentes cardiovasculares, etc. Mucho antes que se conociera la relación entre la ganadería y el cambio climático, las autoridades sanitarias ya habían advertido, por motivos de salud, que se consumían proteínas de origen animal en exceso. Ahora, sabiendo el daño que esta dieta desequilibrada causa a nuestro planeta tenemos aún más razones para aprender a alimentarnos mejor. Reducir la ganadería significa reducir los campos destinados a cultivos de forrajes. Este puede ser el primer paso para empezar la supresión de los cultivos tansgénicos y recuperar masa forestal y sistemas de agricultura tradicionales, además, permitiría que millones de toneladas de cereales destinadas a forrajes fueran destinadas directamente al consumo humano. Los desequilibrios ocasionados por los excesos de la carne, nos permiten afirmar que un vegetariano   además de respetar la vida de todas las especies es un activista en defensa de nuestro planeta y de aquellos que sufren enfermedades derivadas de la malnutrición.
Helena Escoda Casas

Licenciada en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona
Posgrado en Derecho Animal