El Parque Natural de las Islas Cies

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En la boca de la Ría de Vigo, en la Rías Baixas gallegas, tres islas forman el archipiélago de las Islas Cíes. La Isla de Monte Agudo (o del Norte), la Isla de O Faro y la Isla de San Martiño (o del Sur). Las dos primeras se encuentran unidas entre sí por un largo arenal, el cual configura la Playa de Rodas. En 2.007, el prestigioso periódico británico The Guardian, calificó esta playa como la mejor del mundo, sus aguas turquesas cristalinas y su arena fina y blanca recordaban a las playas caribeñas. Su formación geológica se produjo a finales del Terciario (Era Cenozoica o Cenozoico) hace unos 66 millones de años. Todas las islas atlánticas son las cumbres de las sierras costeras que quedaron parcialmente bajo el mar y están formadas casi en su totalidad por piedra granítica. El ser humano llegó a estas islas hacia 3.500 a. C., a comienzos de la Edad del Hierro. Estrabón, Plinio y Diodoro las mencionaron en sus obras, gracias a ellos sabemos que los poderosos romanos llegaron durante el Siglo II d. C. y las bautizaron como Islas de los Dioses.

En 1.980, el archipiélago fue declarado Parque Natural debido al rápido deterioro que estaban padeciendo derivado de las actividades antropogénicas. El 21 de noviembre del año 2.000, el Parlamento Gallego acordó por unanimidad solicitar al gobierno central la declaración de las islas como Parque Nacional. El Congreso de los Diputados tomó el acuerdo definitivo en julio del año 2.002, creando el Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas de Galicia, formado por un conjunto de archipiélagos, islas e islotes: Cíes, Ons, Sálvora, Noro, Vionta, Cortegada y Malveiras, una reserva natural de alto valor. Su gestión corresponde al Concello de Vigo. Distan aproximadamente 14,5 km del puerto de la ciudad. El acceso a los visitantes está limitado a 2.200 personas al día durante la temporada de verano, sólo es posible llegar en barco desde los puertos de Vigo, Cangas y Baiona. Para minimizar el impacto ambiental, no hay papeleras, cada persona debe responsabilizarse de llevarse su basura. Esta prohibido hacer ruidos, traer animales (salvo perros guía para invidentes) y cazar. No hay ninguna zona urbanizada, sólo hay faros para orientar a las embarcaciones. Si deseas pasar unos días allí, únicamente hay un restaurante y camping con el distintivo medioambiental de camping verde (con un aforo máximo de 800 personas).

El Parque Natural está formado por los ecosistemas terrestre y marítimo, los cuales comprenden una superficie de 8.480 hectáreas (7.285,2 marítimas y 1.194,8 terrestres). La pesca submarina se encuentra vetada desde el año 1.992. Gran cantidad de aves nidifican, hibernan y reposan de sus viajes migratorios en este paraíso. La importancia de este espacio para las aves marinas posibilitó la declaración de ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) en 1.988. También se encuentran incluidas, en el ámbito europeo, en la Red Natura 2.000, la cual desarrolla las directivas comunitarias de hábitats y aves.

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Entre la gran variedad de especies de pájaros que encuentran refugio en estas islas, la gaviota patiamarilla (Larus cachinnans) es la más abundante, 22.000 parejas reproductoras constituyen la mayor colonia del mundo; y el cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis), con 1.000 parejas reproductoras, la mayor población del suroeste europeo. También abundan otras especies como la gaviota argéntea (Larus argentatus), el alcatraz (Morus bassanus), azor (Accipiter gentilis), colimbo ártico (Gavia arctica), halcón peregrino (Falco peregrinus), pardela pichoneta (Puffinus puffinus), gaviota reidora (Larus radibundus), arao común (Uria aalge), etc. Incluso se pueden observar especies escasas en la Península Ibérica, como la gaviota oscura (Larus fuscus) y el paíño (Hydrobates pelagicos). En el Alto da Campá (Illa do Faro) y en el Faro do Peito (Illa de San Martiño), existen observatorios ornitológicos. Entre los mamíferos silvestres, encontramos conejos (Oryctolagus cuniculus), erizos (Atelerix algirus) y nutrias (Lutra lutra), así como ratones de campo, musarañas y murciélagos. Entre los reptiles destaca el escáncer de cinco dedos (Chalcides bedriagai), el lagarto arnal (Lacerta Lepida), la lagartija (Lacerta hispanica) y pequeñas culebras inofensivas, no venenosas. Entre los invertebrados: los caracoles, escarabajos, arañas y mariposas. Los anfibios, sapos y salamandras, son poco frecuentes por la escasez de agua dulce.

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La vegetación es la que ha sufrido mayor alteración aunque aquí todavía podemos encontrar especies autóctonas desaparecidas en resto de Galicia. La fuerza del viento con alto contenido salino dificulta, a su vez, el crecimiento de árboles. Las especies autóctonas más abundantes son el tojo, la retama, la esparraguera, el torvisco y la jara; sin embargo, la higuera y el rebollo han menguado notablemente, al haber repoblado con pino y eucalipto, especies foráneas, casi una cuarta parte de la superficie. En las dunas, playas y acantilados predomina la armeria (Armeria pungens), conocida como herba de namorar (en peligro de extinción) y una importante cantidad de camariñas (Corema album) que además son las únicas en el sur de Galicia.

La confluencia del agua dulce de las rías y el agua salada del mar favorecen la diversidad de microorganismos que proporcionan alimento a todas las especies, destaca el importante bosque de algas pardas (Phaeophyta) de los géneros Laminaria y Saccorhiza, por ello, alrededor de las islas encontraremos en abundancia crustáceos, peces, moluscos, etc. sin falta de las visitas de delfines (Delphinidae) y ballenas (Mysticetiy).

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Por desgracia, las costas gallegas han padecido demasiadas catástrofes ecológicas. En 1.970, el Polycommander, un petrolero noruego, encalló en unos bajos próximos a la isla de Monte Agudo, por error del capitán. Los arrecifes rasgaron la nave por su costado de babor, provocando un incendio y vertiendo 15.000 toneladas de crudo, de la variedad Light Arabian. Entre muchos otros, en la memoria colectiva todavía pesa el mayor desastre ecológico de la historia del Estado español, el vertimiento de miles de toneladas de chapapote provocado por el hundimiento del buque Prestige, en noviembre de 2.002. Las Cíes se vieron gravemente afectadas, toda la cadena trófica marina, desde el placton, que moría por la ausencia de luz o envenenado, hasta el resto de la pirámide, que padecerá los efectos directos del fuel durante décadas.

Más información: hoxe.vigo.org/conecenos/cies.php

PUBLICADO EN BIOECOACTUAL

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