Reflexiones fabulísticas del Medioevo: El Libro de las Bestias de Ramon Llull

A partir de Noviembre de 2015 hasta Noviembre de 2016, con motivo del VII centenario de su muerte, se conmemorara el año dedicado a Ramón Llull.

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En el Libro de las Bestias Llull describió en forma de metáfora anamalística los aspectos más funestos de la condición humana a través del reflejo de la crueldad de la naturaleza y la relación entre los seres humanos con el resto de los animales.

Ramón Llull nació en el Reino de Mallorca en 1.232 y murió 1.315. Fue un auténtico sabio, conocedor de todos los campos del saber de su época, escribió prosa,  poesía,  tratados de ciencia y religión. Entre sus obras más relevantes destacan Llibre d’Amic e Amat, Blanquerna y Félix o Llibre de les Meravelles. La séptima de las diez partes en que se divide el Llibre de les Meravelles es El Llibre de les Bèsties (El Libro de las Bestias). Escrito entre los años 1.288 y 1.289, bajo la apariencia de un tratado de zoología, se trata, en realidad, de una seria reflexión sobre la política en forma de fábula, siendo el mejor ejemplo de analogía faunística aplicada a la sociedad humana. Llull plantea una trama muy compleja, llena de matices, en la que se pueden seguir las maquinaciones de Na Renard, un zorro, el animal prototipo de la malicia en la iconografía medieval. Los animales de la fábula son un pretexto para analizar algunas de las facetas más tenebrosas de la condición humana. El protagonista hará cualquier barbaridad para poder mandar: el fin no es enriquecerse sino cebarse en el placer de dominar a los otros, una triste pasión que se materializa en todos los niveles de las relaciones humanas. Renard acaba fracasando, víctima de su propia desmedida ambición, pero su caída sólo se produce después de muchas injusticias y atrocidades. Llull muestra una sociedad piramidal sustentada por el pueblo llano, en la cual la más destacada oposición es entre carnívoros (estamentos dominantes) y herbívoros (oprimidos, trabajadores y humildes).

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El rey es el león, el animal arquetipo que se identifica con el soberano en la simbología medieval. Los herbívoros son presentados como humildes y sometidos, mientras los soberbios carnívoros se alimentan devorándolos. Cada día deben librarle una presa al rey (león). El buey y el caballo, para evitar ser comidos sólo pueden refugiarse bajo el señorío del hombre que a cambio les explota cruelmente, en palabras del buey el hombre es el peor depredador “es en el mundo la criatura que abriga mayor maldad y atroz falsía.” El zorro apoya a los carnívoros o a los herbívoros según le convenga. El perro y el gato son los siervos directos del rey, carnívoros pero súbditos, respectivamente representan el portero y el camarero, parecen gozar de una posición privilegiada en la corte pero finalmente el rey decide regalarlos. El perro a un cazador para que lo utilice y el gato a un trapero, lo cual en el Medioevo significa ser desollado para vender su pelaje.

Helena Escoda Casas

Publicado en BioEcoActual

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